El tren acelera su marcha, sigue atravesando las llanuras de esta España aburguesada, sigue tronando por mares y océanos, levanta el vuelo hacia la Luna, el maquinista va saludando al buenazo de Marcelino, que descansa un rato, para luego echar a andar, cogido del brazo de Josefina. A la vera de la revolución, en la vereda de las estrellas, brilla Octubre. En un segundo, un minuto, un siglo, estaremos en el Palacio de Invierno.
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